EL SISTEMA COMERCIAL MERCANTIL
Como la plata era el motor del comercio entre España y sus colonias, las rutas del sistema comercial tenían como centro las zonas donde se producía este metal: México y Perú. Desde allí se enviaba la plata (en forma de lingotes y monedas) a España a cambio de manufacturas y artículos de lujo, que las colonias americanas no producían.
España tenía el monopolio comercial sobre sus colonias, es decir la exclusividad del comercio. Para garantizar que el monopolio se cumpliera, España puso en pie un sistema de controles comerciales, en el cual sólo unos pocos puertos en América fueron autorizados a comerciar con España. Para evitar los ataques de naciones enemigas a los barcos españoles cargados de plata, España reglamentó que el comercio con las colonias debía hacerse por medio de una flota que una vez por año partía de Sevilla protegida por navíos de guerra. Este sistema, que sólo autorizaba el contacto con unos pocos puertos americanos y españoles, dejaba de lado a otros que, como el de Buenos Aires, querían tener participación en el circuito comercial, y que estaban bien ubicados para distribuir las mercancías provenientes de España. Como el comercio colonial -basado en el monopolio, las flotas y los controles- era lento y complicado, desde muy temprano fue desafiado por la aparición del contrabando o comercio ilegal, que en algunas zonas de la América española (como el Caribe y el Río de la Plata) adquirió importantes proporciones. Por ejemplo, Buenos Aires se convirtió, en el siglo XVII en un foco de contrabando bajo el control de comerciantes portugueses

